SOLO PALABRAS

SOLO PALABRAS

domingo, 30 de abril de 2017

JOVEN ANCIANIDAD

Joven para jubilarlo,
viejo para darle empleo,
y en esa dicotomía
queda el hombre prisionero. 

Así es que sale a hacer changas
para poder pucherear.
Sin trabajo, sin salario,
le queda su dignidad. 

Compra el diario tempranito
y de una entrevista a otra
siente el sabor conocido
de la amargura en su boca. 

Entrevistas de mañana 
y pide a san Cayetano
los miércoles, de rodillas,
tan sólo pan y trabajo. 

Hoy le sobra la experiencia
y faltan años trabajados.
Hoy parecen sin sentido
esos callos en sus manos.-

                            ALDO R. GUARDATTI
               (Del libro "Despreciados y despreciables") 
                        (Todos los derechos reservados)




NO ESTÁN LOS NIÑOS

Ahora no están los niños,
se fueron con los abuelos
a intercambiar sus sonrisas
por mimos y caramelos;
la casa ahora está vacía
y el silencio es un pañuelo
que en su género recoge
mis ansias de desenfreno,
pues mucho hace que a tu cuerpo
disfruto cual rapazuelo,
escondiéndonos de todo
y padeciendo el desvelo,
cuidándonos de los hijos,
de no perturbar su sueño…
y yo me siento un ladrón,
ya no me siento tu dueño.

Olvídate del reloj
y suéltate los cabellos.
No temas que nos descubran,
que no están ya los pequeños,
y déjame que recorra
como émulo de Eros
tu piel, ya ruborizada,
como hace mucho no hacemos,
y amarte en cada rincón
de nuestro nido de sueños,
sin esperar que la noche
nos oculte con su velo,
para arrancarte gemidos,
besos y estremecimientos,
para gozarnos sin prisa,
sin nada que ponga frenos.

Te amaré con más euforia
que en nuestro encuentro primero,
con la boda nuevecita
y el ardor en nuestros cuerpos,
ahora con sabiduría
de cómo levantas vuelo
si me zambullo en tu puerta
por do me llevas al cielo.
Déjame beber tu savia,
gozar sin remordimientos,
sin apurar los minutos
ni ceder ante el silencio;
que tu cuerpo con el mío
se hagan uno en el deseo,
ahora que nuestros niños
se fueron con los abuelos.-


                               ALDO R. GUARDATTI
                          (Todos los derechos reservados)


EL CASADO INFIEL (Homenaje a FEDERICO GARCIA LORCA)

Quisiera llevarte al río
como si fueras mozuela,
que ya no tienes marido.
En una noche cualquiera,
cuando no haya lluvia o frío,
te  llevaré de la mano
hasta donde sueña el río,
e incontenibles mis manos
por sobre de tu vestido
pondrán enhiestos tus pechos
entre besos y suspiros.
Sin desgarrarte las ropas
mis dedos, cual torbellinos,
en su roce con la tela
silenciarán a los grillos.
A la vista de Selene,
las ondinas y los lirios,
los árboles con su fronda
cubrirán nuestro delirio.

Allá, bien lejos del pueblo,
de curiosos y vecinos
he de tenderte sin prisa
en fresco lecho de limo.
Cuando me quite la ropa,
seguro tú harás lo mismo
y así el candor y el deseo
serán tu único abrigo.
Tendrán envidia las rosas
de tu piel y mis cariños.
Querrán brillar las estrellas
en tu cuerpo enardecido.
Tus muslos, cual dos serpientes,
pecando y plenos de brío,
se enroscarán a mi cuerpo
como la parra al olivo.
Y sortearé en esa noche
del recato los abismos,
aferrado a tu figura,
como el náufrago al vestigio.
Mis labios serán sellados
por mi nobleza y buen tino
de las cosas que me digas
divagando entre gemidos.
Tu piel sucia de arena,
tu cuerpo de besos míos
serán un recuerdo efímero
cuando te lleve del río.

Luego seré, como siempre,
un caballero legítimo,
sin evidenciar mis actos
ese encuentro clandestino.
Y si acaso me enamore
preferiré ser tu amigo,
para llevarte otras veces
hasta donde sueña el río.-

                             ALDO R. GUARDATTI
                        (Del libro "El deseo a contraluz")
                         (Todos los derechos reservados)


viernes, 28 de abril de 2017

LA LUNA EN TU MANO

Bajo el cielo azul, cuando llega el alba,
ve mi delirio la luna en tu mano,
tu sensualidad cubierta con gasas,
tu cuerpo desnudo ruborizado.

Evoca mi cuerpo gloriosa noche
de euforia salvaje, de dulces excesos,
de amarnos de un modo aún sin nombre,
dulce festín de caricias y besos.

Donde limitan el sueño y vigilia,
al mirarte vibro con embeleso,
en el limbo, aún, por saberte mía.

Y con la luna en tu mano te veo,
cuerpo sublime, belleza divina,
tea que enciende mi viril deseo.

                         ALDO R. GUARDATTI
                       (Del libro "La camisa clara")
                    (Todos los derechos reservados)


LA MIRADA DE AFRODITA

Mujer y poesía, pasión y ternura
en sensual mixtura de amor y osadía,
con la fantasía encubriendo las dudas
mientras la locura bulle de alegría.

Locura en la musa que al pecado inspira,
y en la maestría que blande la pluma.
Hermosa locura que a la gloria invita
cuando se acaricia una piel desnuda.

Poemas de fuego libres de prejuicios
en un desmedido fragor de jadeos,
de encuentros secretos, a veces prohibidos,
a veces vividos sólo en pensamientos.

Mujeres que crean, que aman, que vibran,
que van decididas tras lo que desean.
Mujeres comunes, pero tan distintas,
aquellas que inspiran y escriben poemas.

                                    ALDO R. GUARDATTI
                            (Del libro "La mirada de Afrodita")
                               (Todos los derechos reservados)


(Diseño de imagen: Rebeca Pinela ) 

miércoles, 26 de abril de 2017

EN LA TORMENTA

Ya se estaban diluyendo
últimas luces del día,
y en aquel banco de plaza
que eras mía me decías,
cuando encendieron farolas
pálida luz mortecina,
y dialogaban las sombras
con dulces rosas cautivas.

No habíamos reparado
en los fieros nubarrones
que con sus trajes de plomo
infundían mil temores,
en las hadas, en los duendes
y en los ángeles menores,
cuando un trueno estremeció
con furia los corazones.

Se apagaron las farolas,
se desató la tormenta,
murieron todas las luces
que alumbraban a la vuelta,
y en menos de dos minutos
la plaza quedó desierta,
solo tú y yo mirándonos
sobre el banco de madera.

Las gotas se deslizaban
por tu pelo renegrido,
y tu blusa, ya empapada,
revelaba sin permiso
a tus pechos palpitantes,
tus pezones encendidos,
tu deseo desatado
tan ardiente como el mío.

Advertiste que mis ojos
a tus ojos no miraban,
y con cómplice sonrisa
ya mis manos agarrabas,
las llevabas a tus pechos,
que turgentes provocaban,
y esperando parecían
mis caricias entusiastas.

En medio del aguacero
nos besamos con euforia,
y tus manos liberaron
mi virilidad ansiosa.
Te senté sobre mi falda,
frente a frente, boca a boca,
y el vuelo de tu pollera
volaba cual mariposa.

Todo tu cuerpo mojado…
¡Qué cosa maravillosa!
se mecía alucinado
con mis manos y mi boca.
Ya tus piernas se aferraban
igual que el musgo a la roca,
a mi cuerpo delirante
aquella tarde lluviosa.

Nos estremecimos juntos
mientras la noche crecía.
Nos escondía del mundo
esa lluvia que caía,
pero en algunas ventanas
se movían las cortinas,
cual si curiosos quisieran
saber lo que allí ocurría.

Quedamos entrelazados
y tu cabeza en mi hombro.
Yo no cabía de la dicha,
y tampoco del asombro.
Así como hubo empezado
la lluvia cesó de pronto,
y nos pusimos de pie
en silencio, con aplomo.


Acomodamos las prendas
serenos, disimulados.
Las ventanas de las casas
de pronto se iluminaron
delatando a los curiosos
que, vergonzosos, fugaron,
y nos fuimos despacito,
aferrados de la mano.-

                           ALDO R. GUARDATTI
                       (Del libro "El deseo a contraluz")
                        (Todos los derechos reservados)


martes, 25 de abril de 2017

EL DESEO A CONTRALUZ

Con el deseo a contraluz y las prendas por el piso,
presa de gran inquietud y libre de compromiso,
como lo mereces tú en este tiempo preciso,
quiero amar tu juventud como nunca nadie hizo
y ponderar tu virtud como esclavo de un hechizo,
con tu cuerpo a contraluz, palpitante e indeciso.-

                                       ALDO R. GUARDATTI
                                  (Del libro "El deseo a contraluz")
                                   (Todos los derechos reservados)


EN LA HABITACIÓN CATORCE

En el número catorce
de ese hotel alojamiento
liberamos las pasiones,
azuzamos sentimientos.

Con lujuria y gran vehemencia
se abocaron nuestras bocas
a besarnos con sapiencia
mientras caía la ropa.

Yo era un lobo desatado,
tú, paloma pudorosa,
y empapados de pecado
fuimos grácil mariposa.

Exploré cada resquicio
de tu sensual lozanía,
y sin barreras ni vicios
al fin pude hacerte mía.

Por debajo de las sábanas
comenzamos dulce juego,
y mordimos la manzana
con ardor de todo el cuerpo.

Encendimos la lujuria
con el roce de la piel,
y nos amamos con furia
entre caricias de miel.

Nuestros cuerpos fueron uno
refulgiendo entre ilusiones,
amándonos cual ninguno
en la habitación catorce.-

                        ALDO R. GUARDATTI
                   (Del libro "Amor bajo las rosas")
                   (Todos los  derechos reservados)


lunes, 24 de abril de 2017

BOCA ABAJO

Cuando ya entro al cuarto la noche es avanzada,
y ella está acostada, desnuda, boca abajo.
Ni el alba ni el ocaso poseen esa magia
que mi deseo exalta, que al “no” hace pedazos.
Y se afiebran mis labios por surcarla sin pausa,
y bajar por su espalda a destinos soñados,
por eso yo divago al verla así acostada,
desnuda y soberana, soberbia, boca abajo.

                                   ALDO R. GUARDATTI
                                 (Del libro "La camisa clara")
                              (Todos los derechos reservados)


domingo, 23 de abril de 2017

BAÑADA POR EL LUCERO

Bañada por el lucero en tu inocencia fingida,
con expresión confundida me impregnas de tu deseo,
transfigurando mi anhelo en obsesión compulsiva
por desvestirte sin prisa y poseerte sin miedo,
por regodearme en tu fuego y refrescarme en tu risa.-

                                  ALDO R. GUARDATTI
                             (Del libro "El deseo a contraluz")
                              (Todos los derechos reservados)


sábado, 22 de abril de 2017

ANOCHECER

La luna aparece. El sol ya se ha ido,
y así, tu vestido, sutil, desvanece.
Nuestra ansiedad crece, ya es fuego encendido
y un dulce suspiro en tus labios se mece.

No dejan las nubes que espíen estrellas,
y una brisa fresca nos trae el perfume
de flores de octubre, un aire de fiesta
que la noche alegra donde sobran luces.

Se baña la luna en el agua del río
y ardorosos bríos hacia ti me empujan.
De pronto se esfuman todos los prejuicios
y en nuestros sentidos los goces abundan.

Erotismo, entrega, pasión, sentimiento
y un placer inmenso quemando en las venas.
No existen barreras en ese momento,
no hay impedimentos para dicha cierta.

Misterio en dos cuerpos que se vuelven uno
en gozo profundo de un sentir eterno,
sensual jubileo de cuerpos desnudos
devorando el fruto dulce del deseo.-

                                  ALDO R. GUARDATTI
                                (Del libro "La camisa clara")
                             (Todos los derechos reservados)


AL BORDE

Al borde de la noche, al borde de la cama,
la cubre la nostalgia carnal por aquel hombre,
necesidad insomne que estremece sus ansias,
cual candentes fantasmas que no entienden razones.

Al borde peligroso de la propia cordura
sueña semi desnuda con momentos fogosos,
recuerdos deliciosos su nostalgia acumula,
que todavía la angustian, que aún son peligrosos.

Al borde de la gloria y al borde del pecado
¿cuántas veces a estado inflamada de euforia?
Pero eso hoy es historia, y él no está a su lado,
sus dedos, empapados, empujan la memoria.

Al borde del abismo con corsette y con tacos,
se acaricia despacio, ya como con sigilo,
y la ilusión ha huido diluyendo su rastro.
Su atuendo con sus manos evocan el delirio.

Al borde de la dicha, también de la tragedia,
ya crece por sus piernas un temblor que la agita.
La soledad la asfixia, los ojos se le cierran
y el remezón la deja al borde de la vida.-

                                       ALDO R. GUARDATTI
                                     (Del libro "La camisa clara")
                                  (Todos los derechos reservados)


viernes, 21 de abril de 2017

MUCHACHA DEL ORIENTE

Muchacha del oriente
que pareces surgida del pasado,
sumisa y obediente
por linaje y mandato,
por la cultura que te han legado.

Conoces los secretos
para brindar placeres a los hombres
allende sus anhelos
y aún sus pretensiones,
aún más allá de sus ilusiones.

Un sutil maquillaje,
y de fina seda un sensual kimono
que habrá de deslizarse
de sugerente modo
hasta el suelo, grácil, desde los hombros.

La suave piel desnuda
se exalta por hechizo de perfumes,
y la muchacha, muda,
de su arte no presume,
y en el goce al hombre lo zambulle.

Muchacha del oriente,
maestra de las artes amatorias,
sensual y complaciente,
que llevas a la gloria
al hombre, sin ingresarlo a tu historia.

Heredera del arte
erótico, honorable que profesas,
que puedes transportarme,
con dulces sutilezas,
al mismo Edén, mi geisha japonesa.-

                             ALDO R. GUARDATTI
                        (Todos los derechos reservados)